¡Que levante la mano el que haya venido de visita al Líbano y no se haya ido con unos cuantos quilos de más! Humus, labne, laban, mutabbal, kebbe, zaatar, fattoush, tabboule, kefta, tawouk, molujiye, sayadiye, falafel, balila, ka3k… Sé de muchos que volverían a Líbano solo por volver a degustar un man2oushe calentito recién salido del horno para desayunar.
Y es que si de algo se enorgullecen los libaneses además de sus emblemáticos bosques de cedros y de la hospitalidad y generosidad de sus gentes, es de su gastronomía. Comer, más que una necesidad, es una forma de celebración, un motivo de reunión, un acto social y casi un ritual al que los libaneses, consciente o inconscientemente, dotan de una suprema importancia.