Aunque de por sí el árabe no guste mucho de usar onomatopeyas tal y como las empleamos nosotros («tic, tac, tic, tac, ¿aún no adivinas?»; «el perro hace guau»; «y ¡boom!, se convirtieron en Chocapic», por ejemplo), lo cierto es que es una lengua con una relación muy especial con los sonidos. No solo cada letra transporta unas connotaciones determinadas, como la ه (que suele remitir a lo divino) o la غ (que tiene un tinte de “perversidad”), sino que muchas veces el sonido de una palabra se ajusta a su significado, y en consecuencia esas palabras “suenan a lo que son”.
Es el caso de وسوس (susurrar), قهقه (reír a carcajadas), دندن (tararear) y otros verbos, en su mayoría cuatrilíteros, que al pronunciarlos te empujan a repetir la acción que describen. Uno que me encanta es أغرق (ahogarse) que, efectivamente, no se puede emitir sin sentir un instante de atasco en la garganta y una pequeña gárgara que provocan un segundo de “ahogo”.
En el ámbito de los sonidos de animales Read the rest of this entry